Columnistas | Panorama ProvincialJueves, 10 Octubre, 2013 - 07:10

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Puertas giratorias

 Por Ariel Brizuela (*)

El debate sobre la inseguridad acapara la atención de la ciudadanía, y por supuesto de la clase política catamarqueña.
No solo salen a la superficie las acciones equivocadas que nos llevaron a esta situación, sino también las omisiones que se sucedieron y contribuyeron a caldear la realidad, al punto de llegar a un estado de temor generalizado.
Sin dudas que además de las políticas erradas en éste y en el anterior gobierno en materia de prevención y control, hay un tema de fondo que viene siendo soslayado de las políticas públicas: la droga.
El mal social del nuevo milenio atacó con toda la furia a Catamarca, y parece que nadie dimensionó sus consecuencias.
Lo que se vino haciendo en los últimos años, a la luz de los resultados, es lamentablemente insuficiente.
Este uno de los temas en los que todos los actores de la sociedad deberíamos sentarnos a debatir. Pero sin golpes bajos, sin pases de factura, sin reproches ni movimientos subterráneos de baja estofa.
Tal vez, debería ser la Iglesia Católica quien deba asumir ese rol convocante para dar inicio a la mesa de diálogo provincial con un tema puntual.
Avivados, abstenerse
El tema es muy delicado, y cualquier esbozo de aprovechamiento o un movimiento en falso para tratar de sacar algún rédito electoral puede ser lapidario para el sector que lo intente.
De todos modos, salvos rastreras excepciones, la mayoría de la dirigencia local entendió que el tema no da para andar jorobando en politiquería barata.
Sin embargo, hay que detenerse en acciones lamentables de pseudos dirigentes que, desde las redes sociales, inventaban aviesamente que había un tercer asesinato en las adyacencias de El Jumeal, y que también era mujer, minutos antes de la marcha del pasado martes. Que, legítima por supuesto, quedó opacada por ciertas avivadas que aparentemente querían despertar más indignación para juntar más adherentes, pero que irresponsablemente no hicieron más que sembrar mayor terror. ¿Hacía falta jugar así en medio de este estado de vulnerabilidad?
Sensatez gubernamental
Quien puso una alta cuota de sensatez fue la propia Gobernadora, que bien conocido el hallazgo de María Condorí en inmediaciones del arroyo Fariñango salió a despolitizar el tema. “No contamos con ningún indicio de que exista relación entre estos hechos y el proceso político que vive la provincia, de manera que descarto alguna connotación de este tipo”.
“Ante la pérdida de vidas humanas, las circunstancias políticas pasan totalmente a segundo plano. Estamos en tiempos electorales, pero como responsable del Gobierno considero imperativo tomar estos hechos con la seriedad y responsabilidad que la situación exige, sin dar lugar a especulaciones sin sustento”.
“Podemos discrepar o tener diferencias con nuestros adversarios políticos, pero enfrentamos hechos muy dolorosos frente a los cuales debemos unir fuerzas para defender los valores que compartimos como sociedad”, agregó Lucía Corpacci, para poner freno a las especulaciones, de que podría haber alguna injerencia opositora.
Ejercitar la memoria
Que muchos de los que tuvieron alta responsabilidad en el gobierno del Frente Cívico y Social ahora se erijan en fiscales del accionar oficial, cuando tuvieron las herramientas y los recursos -extraordinarios por cierto- para poner freno a la situación, causa indignación. Con los miles de millones que administraron de regalías mineras, por ejemplo, se podrían haber generado espacios de contención y de recuperación de adictos.
Y para citar que la relación droga-delincuencia no fue tomada realmente en serio, el ex gobernador Eduardo Brizuela del Moral anunció desde 2008 en cada apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura, la puesta en marcha del cromatógrafo gaseoso. Un aparato que sirve para detectar drogas en la sangre, de modo que los detenidos por delitos aparentemente comunes y a los que les diera positivo el examen, se los podría relacionar con delitos de mayor envergadura. Porque que quede sentado que los robos de motos y su posterior reducción y/o rescate, era para financiar la compra de estupefacientes. Sin embargo, ese instrumento, que le costó a la provincia alrededor de medio millón de pesos, nunca funcionó y terminó olvidado -se desconoce si aún está- en un depósito del Departamento de Química Legal de la Policía provincial.
Y ella mira, nada más
Pero al margen de las responsabilidades de los políticos, hay una actriz que es protagónica y que parece de reparto: la Justicia.
Este poder del Estado, por más que no lo elijamos, tiene altísima responsabilidad en proveernos del servicio público llamado seguridad.
Ya está comprobado acabadamente el fracaso que significó la Policía Judicial creada por Oscar Castillo, que, lejos de ser una solución a la inseguirdad, solamente cumplió el rol de "bolsa de trabajo" para jóvenes desocupados, con mucha necesidad de trabajar, pero sin formación y mucho menos vocación. Si no, dígame estimado lector si alguna vez supo que estos "investigadores" hayan resuelto un robo, por decir lo menos que tendrían que hacer. Eso sin hablar que a los nuevos numerarios los instruyen -para que no se dañen psíquicamente- que no se involucren y que no tomen partido. De esa manera, cuando llega una mujer con la cara destruida por los golpes no le prestan atención, porque puede ser "solamente una disputa doméstica", y así desestiman cualquier denuncia de violencia de género como le pasó trágicamente a Rita Valdez, que fue encontrada días más tarde descuartizada en el dique capitalino, tras denunciar al menos media docena de veces -en distintas dependencias judiciales- a la persona que ahora está imputada como el asesino.
A partir de esto, en mayo pasado, se anunció con bombos y platillos la creación de la unidad fiscal de violencia de género, pero hasta ahora nada de eso ocurrió, y ya hubo más femicidios que hoy lamentamos.
Sumado a esta desidia de la fuerza policial que maneja el Poder Judicial, el sistema, las leyes y el criterio de fiscales y jueces -demasiados garantistas para mi gusto- permiten que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la misma, cual puerta giratoria.
Literalmente, a las pocas horas de quedar demorados, recuperan su libertad al amparo de la legislación vigente, y el apañe de abogados inescrupulosos y el guiño de funcionarios judiciales complacientes, y poco comprometidos con la realidad. tal vez porque están alejados o no la conocen, porque viven enclaustrados en sus cómodos despachos sin asomar la nariz más allá de la zona de tribunales.

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