Columnistas | Panorama ProvincialLunes, 14 Octubre, 2013 - 07:20

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Sincericidio

Por Ariel Brizuela (*)

Las culpas son compartidas. Todos los que tienen y tuvieron responsabilidad de administrar la cosa pública tienen algo que ver. Nadie se puede hacer el distraído ni mirar para otro lado.
La inseguridad no es exclusiva de un gobierno. ni siquiera de un extracto social, ni de un determinado sector. Ataca por igual sin distinción de banderías y colores partidarios.
Por lo tanto, mal hecho si alguno quiere endilgar la autoría de la peste y quedarse con los laureles.
Por eso, las declaraciones del presidente el Concejo Deliberante de la Capital y candidato a diputado provincial, Simón Hernández, admitiendo que los problemas de inseguridad tienen que ver con que ni el Frente Cívico y Social, ni el Frente para la Victoria le encontraron la vuelta al problema de fondo del que deriva la afligente problemática.
"La inseguridad persiste porque el Gobierno del FpV tampoco resolvió la falta de trabajo y la pobreza”. Directo, el hijo de quien fue vicegobernador y sobrino del dos veces gobernador Eduardo Brizuela del Moral, reconoce que en los males sociales de la falta de trabajo y la exclusión está el caldo de cultivo del crecimiento de la delincuencia en Catamarca.
Muy saludable la autocrítica, más aún viniendo de un familiar directo de quien administró los mayores recursos económicos de la casi bicentenaria historia de nuestra tierra.
Porque, más allá de la crítica contra la actual gestión por no haber encontrado las soluciones esperables en casi dos años, en un acto de sinceridad extrema, admite que la acuciante realidad tiene que ver con que "tampoco" se logró -hasta ahora- resolver la pobreza como resumen de los males sociales que nos laceran.
Se entiende que el "sincericidio" de Hernández, que conlleva indudablemente el compromiso de dejar de mirar atrás y emprender en forma conjunta la resolución que la sociedad espera de la clase dirigente, exhortó a un trabajo coordinado entre todos los estamentos para atacar las cuestiones profundas que nos llevaron a esta crisis.
"Nos tenemos que hacer un espacio para pensar en el corto, mediano y largo plazo”, señaló el dirigente de Movilización, que apunta a que primero hay que resolver las endemias sociales antes que pensar en sistemas más represivos o militarizar el territorio.
La idea, con mucho tino, es que los actores de la politíca contengan a los miles de jóvenes -que en su mayoría nacieron o se criaron  bajo el amparo del gobierno del FCyS- y los reinserten a la sociedad.
La educación y las políticas públicas de desarrollo serán fundamentales en este cometido  de sumar a los "hijos del FCyS", que ahora quedaron fuera del sistema y que recurren a las drogas como salida, y desde ese submundo hacen lo que sea -incluso matar- con tal de consegurirla.
Diagnosticadores empedernidos
"Inseguridad de mierda, acaban de robarle a mi hijo, cinco tipos... Es fácil hablar, filosofar pero cuando te toca, la bronca es mucho más fuerte ...y las ganas de matar a alguien...No es justo no tener tranquilidad para salir a la calle... Hay que mejorar la seguridad en las calles, aumentar la vigilancia y, sobre todo, que la Justicia haga su parte y realmente se castigue a los delincuentes, que sean penas justas pero efectivas".
Un mensaje publicado en la red social Facebook por una víctima describe las sensaciones que tiene el ciudadano común, el que se levanta a las 6 de la mañana, el que con mucho esfuerzo le puede comprar lo necesario a sus hijos.
Es el sentimiento de la gente que tiene que vivir enrejada, encerrada mientras los delincuentes andan sueltos y paseando libremente.
Por eso, que el Gobierno o que la oposición hagan diagnósticos o describan la realidad es muy distinto a que lo hagan los medios o cualquier ciudadano.
Que los responsables actuales de la seguridad solamente cuenten lo que todos sabemos suena a broma de mal gusto.
Que el subsecretario de Seguridad, Juan Pablo Morales -inexplicablemente aún en su cargo- siga contando lo que pasa y no pase a la acción es como ver una película dos veces. Ya se sabe el final. En este caso, se conoce el resultado. El mismo que se viene obteniendo.
Que el nuevo jefe de Policía pida por una policía honesta, pero que las camineras sigan "liberadas" es muy contradictorio, y habla del escaso nivel de compromiso de los cuadros medios e inferiores de la fuerza policial, bastardeada y "ninguneada" primero desde la Justicia, por la inoficiosa Policía Judicial que nada resuelve, y luego por la conducción política, más preocupada en garantizar los derechos de los "choros" que el de la gente trabajadora.
Obvio que hay que castigar la brutalidad policíaca, pero también hay que cuidar a los miles de policias que día a día exponen su vida y la de su familia por cuidarnos, pero que en contrapartida ningún tipo de estímulo reciben por esa tarea, y por el contrario, muchas veces son mancillados a pesar de su compromiso en pos de sostener un sistema garantista, que solo ve un lado de la realidad.
De igual modo -reitero- que la Justicia mire  de reojo y no se ponga el sayo que le toca, también contribuye a que se petrifique esta realidad perversa que tiene a la gran mayoría atemorizados, y a unos pocos sueltos por las calles.
Tal vez sea hora de comenzar a decirnos las cosas como son. Apelar a la madre de todas las virtudes para hallar el rumbo. Por eso, alentamos más actos de sinceridad, donde nadie esconda oscuros intereses ni subterráneos objetivos. Que los debates sean puros, que no hay aprovechamientos políticos ni de foros, ni de declaraciones públicas, solo buenas intenciones.

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