Columnistas | Panorama ProvincialViernes, 29 Noviembre, 2013 - 08:30

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Hacer plata es un arte

Por Juan Carlos Andrada  (*)

Por lo general los asesores en el Poder Ejecutivo y Legislativo no tienen la preparación que se requiere para ocupar ese cargo -salvo honrosas excepciones- sino se los elige por algún tipo de vínculo como la amistad o con un criterio estrictamente familiar.
Es más, el hecho de que una persona sea militante de toda la vida tampoco lo habilita para que sea asesor de un organismo. Si no tiene la experiencia para formar los cuadros técnicos que necesitan instituciones fundamentales de la comunidad, ¿qué hacen ahí? 
La cuestión profesional es condición sine qua non para poder hacer un aporte a una institución, secretaría u organismo y principal razón para ocupar esos espacios al margen de las inclinaciones ideológicas individuales.   
No basta con tener ambiciones de llegar a lugares de poder cobrando sueldos que no pueden justificar trabajando, es preciso tener la fuerza necesaria para sostenerse, habilidad calificada. Entonces, si no se mantienen por su propia capacidad, algún político irresponsable lo hace.
 
Todas las decisiones pesan
El compromiso real con el pueblo por parte de legisladores y funcionarios, se refleja también en este tipo de decisiones porque se nota que están poniendo por delante los intereses propios, personales o familiares antes que los de la sociedad.
Los legisladores representan los intereses del pueblo. Es grave decir que no se cumple con ese rol. Al fin y al cabo, radicales y kirchneristas se la pasan criticando entre sí, pero terminan haciendo más o menos lo mismo: nombrar parientes y amigos cada vez que pueden.
Y como los asesores y secretarios no pueden cumplir su función porque no reúnen las cualidades para hacerlo por más que quieran, terminan en sus lugares de “trabajo” haciendo tiempo  y esperando que se cumpla el mes para ir a “cobrar”.
Lo cierto es que es mucha plata para gente que trabaja poco, por no decir que no hace nada porque le es imposible cumplir. No digo que no merezca un trabajo sino que estamos en contra de las designaciones sin funciones específicas para que el pueblo los mantenga.  
“No tengas prisa en tomar asesores; y una vez adquiridos, no tengas prisa en deshacerte de ellos”, sugería ya el viejo Solón de Atenas que traducido a la actualidad significa que el poder es afrodisíaco, una adicción. Desprenderse luego de los asesores es todo un tema.  
 
Datos comprometedores
Más allá del necesario equilibrio de poderes, en un país y una provincia con tradición caudillista, el Ejecutivo tiende a ostentar más visibililidad que el Legislativo y el Judicial.  Para la población, lo que cuenta es lo que el Gobernador/a hace.
Por su parte, los diputados y senadores están al tanto de que, si bien la gente suele despreciar la producción legislativa, una desafortunada exposición por estos nombramientos puede develar secretos de familia comprometedores ante la comunidad e incluso el militante raso.
¿Cuánto vale hacer ese juego? Un asesor puede cobrar entre 10  y 13 mil pesos que, sumado algún funcionario o legislador de la familia, hace un aporte mensual nada despreciable. Ahora si otro integrante de la misma casa puede conseguir otro “carguito”, vale la pena el riesgo.
En este sentido puede decirse que este desconocimiento social del desempeño legislativo y sus posibilidades como bolsa de trabajo sirve para poder pasar desapercibidos en un mecanismo similar al de las listas sábana en las que, incluso, llegaron a ocupar esas bancas.
 
“Sí hago. El pueblo no sabe”
¿Por qué la actividad de los legisladores no tiene trascendencia? Lo cierto es que existe poco conocimiento del trabajo legislativo. Estas circunstancias injustas explican la sensación de que los diputados y senadores “no están haciendo nada”.
Es decir que la gente, no solo desconoce los proyectos que presentan o debaten en comisiones y el recinto, sino también a los legisladores, de quienes con el tiempo, y una vez pasadas las elecciones, hasta el nombre olvida.
El ciudadano no tiene idea de lo que hace un diputado o un senador todo el año, imaginemos lo que puede pensar de sus asesores y secretarios cuando trasciende que su único mérito es “ser pariente de”. La indignación es comprensible.
Asimismo es una torpeza descomunal, considerando los complicados tiempos políticos económicos que se vienen. No podemos tener recursos humanos inservibles en lugares clave ni mano de obra calificada desocupada. Recordemos que la economía es hija del orden.
 
La calidad no es un accidente
Propongo un minuto de silencio por los militantes no reconocidos, aún siendo técnicos y aquellos profesionales que tienen que soportar la insolencia de tener que quedarse afuera porque los políticos prefieren cumplir compromisos de campaña o nombrar a sus familiares. 
Hablando de normas ISO en la gestión legislativa y en cualquier otro ámbito donde se la quiera aplicar, está claro que la excelencia, entonces, no es un acto determinado, sino un hábito, una forma sistemática de proceder. La calidad institucional no es un accidente.
 
Que no se entere don Juan
Los diputados y senadores deben crear leyes de carácter general, abstracto e impersonal con el objeto de dar forma a la organización social. Es de verdad una relevancia que ni los propios legisladores a veces parecen advertir, ni mucho menos nosotros.
El ejemplo es más eficaz que los preceptos. De qué vale tanta perorata en la campaña y las continuas apelaciones a los líderes de cada una de las fuerzas políticas si los desconocen vilmente con maniobras que avergonzarían por igual al General Perón o Hipólito Yrigoyen.
 
Por Juan Carlos Andrada (De la redacción del Diario LA UNION)

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