Columnistas | Panorama ProvincialJueves, 12 Diciembre, 2013 - 07:50

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Oportunidad y oportunismo

Por Ariel Brizuela (*)

La oportunidad es definida como "el momento propicio para algo".
Es cuando "es conveniente". Es la ocasión. Es la coyuntura exacta donde el ser humano, guiado por su libertad y en pleno ejercio de su voluntad hace o dice algo en el tiempo más propicio, justamente, para el desarrollo de la humanidad.
Es ese instante donde se cede el paso que evita un accidente, es cuando tendemos un mano y evitamos una caída, es cuando nuestras palabras pacifican o generan esas oportunidades para otros, de modo que continuamente se siga construyendo la sociedad.
Pero, como en todos los ámbitos de la vida, hay deformaciones a este natural proceder denominado oportunismo: "Forma específica de responder a las oportunidades, la cual implica priorizar el interés propio y obviar principios éticos relevantes para lograr ciertas metas o para resolver preocupaciones compartidas por un grupo".
A veces, el oportunismo es definido como "la habilidad de capitalizar los errores de otros: utilizar oportunidades creadas por los errores, debilidades o distracciones de los oponentes en ventaja de uno mismo".

 

Solo preguntas
¿Fue oportuno el reclamo policial? Seguramente que para ellos, que estaban envalentonados por el alzamiento de la policía de Córdoba sí. Para la gran mayoría de la sociedad no, que les perdió el respeto y dejó de valorar sus reales esfuerzos y deslegitimó la justicia del reclamo.
¿Fue oportuno para el Gobierno concederles el aumento? Dadas las coercitivas circuntancias de negociar prácticamente con un arma en la cabeza y rehén en su propia casa, sí. Sin dudas que pagó caro las horas previas al estallido cuando fallaron los negociadores propios, y los policiales fueron descabezados suspicazmente sin una razón aparente.
Ahora, a la luz de los acontecimientos, no fue conveniente acordar con la policía un incremento -por más que hayan venido muy defasados en relación con otros trabajadores- porque eso disparó el reclamo masivo de los otros sectores de la "elefantiásica" administración pública provincial.
Es fácil opinar desde la tranquilidad del hogar o detrás de un escritorio; difícil es hacerlo con la Casa de Gobierno virtualmente tomada. No obstante, para destacar que la gobernadora Lucía Corpacci se mantuvo al frente y por más tensión y potencial peligro por su integridad que hubiera habido, no se levantó de la mesa de negociación hasta resolver el conflicto y salir por la puerta grande, -literalmente- a la madrugada del sábado.
Pero, volviendo a la inquietud inicial, hay que entender que por más justo que haya sido el planteo salarial de la "familia policial", el virulento método y el momento fue un claro ejemplo de oportunismo.

 

Ya mando un comunicado
Mucho se habló de defender la democracia ante la escalada de alzamientos policíacos en todo el país.
Oportuna hubiera sido una foto conjunta, una visita, un llamado telefónico de los ex gobernadores o máximos dirigentes de la oposición a la primera mandataria. Salvo Luis Barrionuevo, que se comunicó con miembros del gabinete la misma noche del levantamiento azul, el senador Oscar Castillo guardó silencio  y el único que habló -a través de un comunicado de prensa- es el ahora diputado nacional  Eduardo Brizuela del Moral. ¿Era oportuno que hable de paz social el día después? Como respuesta comparto la opinión de un colega y amigo: "Mientras el pueblo estaba con temor, mientras se pretendía tomar la Casa de Gobierno, mientras se extorsionaba al pueblo de Catamarca, mientras nuestros hijos y madres nos preguntaban que pasaba, una vez más, después de pasada la tormenta hablan de paz social. Deberían haberse pronunciado ayer (por el viernes), no hoy y garantizar la paz social desde la oposición, porque también es su obligación. ¿No hubiese sido mejor que la oposición junto al oficialismo estén unidos cuidando al pueblo indefenso, ante los forajidos que ganaron las calles? No, ellos prefirieron un silencio cómplice".
La verdad que hablar de "generar condiciones para preservar la paz social", retrotrae a los años donde se podrían haber generado esas condiciones, que precisamente fueron los momentos en los que Brizuela gobernó.
Porque hablando de "oportunidades", entre 2006 y 2010, más allá del aumento de la coparticipación nacional que nos benefició, la provincia tuvo una inyección extra de divisas provenientes de la actividad minera de alrededor de 400 millones de dólares (a ese momento 2 mil millones de pesos aproximadamente) de utilidades de YMAD y 365 millones de pesos más de regalías.
Pero, en vez de generar un fondo anticíclico o anticrisis para sobrellevar estos momentos, o radicar industrias, o apuntalar el turismo u otra actividad que nos dé de comer cuando se termine la minería (cosa que ya está sucediendo), se derrocharon extraordinarios recursos en obras inconducentes para el desarrollo y en  inflar la administración pública con más y más empleados.
O sea que las "condiciones para el desarrollo", como exige el legislador nacional, las tendrían que haber encabezado él en épocas de "vacas gordas".
Ahora, en estos tiempos difíciles, con una crisis mundial que arrasa con los mercados tradicionales y la cíclica de nuestro país que ocurre cada década, Corpacci tiene que  "pilotearla", como lo hizo Castillo entre 2001 y 2003 que, lejos de darle aumento a los trabajadores, les redujo el 13 % de sus salarios y prendió la maquinita para emitir más "bonos" que su padre Arnoldo, que 10 años antes había puesto en circulación.
Brizuela del Moral no habló más, seguramente sus "caros" asesores de imagen le recomendaron lo saludable de un oportuno silencio.

 

Dos países, una celebración
Duele ver cómo el país se desangra. En las calles se observa una lucha de pobres contra pobres. La anarquía y el caos ganaron muchas batallas, pero la guerra aún se libra.
Es un momento de reflexión en estos 30 años de democracia. No da para festejos exuberantes, ni bailes, ni música fuerte mientras -paradójicamente a la celebración en el Obelisco- en el interior hay hermanos muertos.
Por ahí desde el Gobierno nacional se perdió la oportunidad de dar un gesto importante hacia la Argentina profunda.
Es el momento justo para serenarse, acordar, dialogar, pacificar la República. Nadie quiere un 20 de diciembre de 2001. Ningún argentino bien nacido desea volver el tiempo atrás.
Es nuestra oportunidad como sociedad para demostrar que en tres décadas algo aprendimos.

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