ColumnistasMartes, 31 Marzo, 2015 - 02:40

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¡Apaguen las cámaras!

José Nicolás Balverdi se despidió de este mundo. La gran familia de la fotografía de nuestro medio está de duelo. Y no es para menos.

En la mañana de la víspera dejó de existir José Nicolás Balverdi, uno de los más calificados exponentes de la profesión décadas atrás, cuando emergió con fuerza y talento propios una generación de fotógrafos de gran nivel. “El Pato” Balverdi, como lo apodaran desde pibe sus amigos de toda la vida, paseó sus calidades y sus habilidades gatillando todo tipo de cámaras por los diarios El Sol (ya desaparecido) y La Unión, y también por la ex Dirección de Prensa y Difusión de Casa de Gobierno de Catamarca. Precisamente en estos dos últimos medios compartimos un montón de años, cubriendo importantes hechos y acontecimientos deportivos, mientras que en El Sol trabajó a la par de numerosos colegas, algunos de los cuales hoy están unidos espiritualmente con él, entre ellos Julio César Varela Gómez, Juan Carlos Burgos, Osvaldo Antonio Molas, Daniel B. R. Lozada y Carlos Florencio Barrionuevo.
No hace mucho tiempo, en un encuentro casual, nos trenzamos en una cordial y amena charla, donde recordamos las inolvidables veladas boxísticas a las cuales concurríamos en compañía de José Enrique Nieto, veterano fotógrafo de La Unión a quien Balverdi identificaba con el mote de “El Maestro”. Era una gratificante costumbre que, al término de las peleas, degustáramos unas sabrosas pizzas, y analizáramos lo observado en la oportunidad. El entendido era yo, pero los dos José metían sin piedad sus bocadillos para contrarrestar mis razonamientos e influir en los comentarios de los días domingos. Jamás lo consiguieron, pero siempre los escuché con todo respeto y consideración, como lo sigo haciendo hasta hoy, con otros interlocutores. Balverdi estuvo haciendo su trabajo en la noche del 27 de febrero de 1987, cuando el catamarqueño Luis Armando Soto derrotara en Mar del Plata al jujeño Jesús Eugenio Romero, consagrándose campeón argentino de los livianos. Sacó cien fotos y festejó como nadie la conquista.
Ligado políticamente al partido Movilización, fundado por el recordado dirigente peronista Mario Dardo Aguirre (“El Gato”), a poco de transitar por esos recovecos partidarios, Balverdi fue rebautizado con el apodo de “Cachencho”, un personaje creado en las publicaciones “movilizadoras” de aquellos años. Involucrado como eventual testigo en el proceso judicial del famoso caso del asesinato de María Soledad Morales, cuando se acallaron los lejanos ecos del mismo, siguió de cerca todo lo inherente a su gran adicción, la fotografía. El destino, con sus inevitables e incomprensibles tentáculos, quiso que hace un puñado de días sufriera una fuerte caída, golpeando su cabeza en el piso. No pudo superar este difícil trance y ayer lunes 30 de marzo de 2015, José Nicolás Balverdi se despidió de este mundo terreno, sumiendo en un cuadro de profundo dolor a sus seres queridos, a sus auténticos amigos y a todos quienes alguna vez fueron sus modelos (voluntarios o circunstanciales), al cruzarse o posar frente a su inquieta cámara viajera. Paz en tu tumba, hermano. Hasta cuando nos volvamos a encontrar.
Leo Romero

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