CulturaDomingo, 4 Diciembre, 2016 - 12:05

Romina Doval: "Me gusta encontrar la maldad que puede haber en una tía, una madre o una ancianita"

En "La mala fe", la escritora argentina aborda la historia de dos amigas que se sumergen en la aventura de compartir un departamento con lo justo para sobrevivir, e inician un camino marcado por experiencias peligrosas, cuando en la Argentina sobreviene la crisis del 2001.

Victoria y Paulina se conocen de pequeñas: asistieron durante la primaria y secundaria a colegios católicos, donde se sublevaron ante la rigidez de las monjas y llegaron a adultas sin un proyecto de vida definido, ni un trabajo que les permitiera sostener la decisión de vivir solas.

En ese intento de independizarse de sus padres, transitan situaciones de riesgo. Alternan con personajes marginales; una de ellas roba en supermercados e incursiona en experiencias de prostitución para obtener dinero, en una decisión que -según la autora- es primero "un modo de rebeldía y luego una atracción hacia el abismo".

El libro, editado por Bajo la Luna, está dividido en tres partes en las que se cuentan las distintas etapas de vida de las protagonistas yendo del presente al pasado, con la voz narradora de Victoria, en primera persona, y otra voz, en tercera. La obra finaliza con un epílogo, ubicado en 2007, que da cuenta del destino de las dos amigas.

Doval es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires y publicó el libro de cuentos "Signo de los tiempos" (por el que recibió el premio Estímulo a la Creación Literaria y Teatral en 2001) y la novela "Desencanto".

En diálogo con la agencia nacional de noticias, sostuvo que haber escrito una obra ubicada en ese período de crisis es "hablar sobre cómo nos construimos en aquel tiempo en que teníamos que encontrar nuestro lugar en el mundo".

- ANN: ¿A partir de qué situación o motivación surgió esta novela?
- Romina Doval: Ningún texto me surge clara o naturalmente. Es una búsqueda. No me sirve planificar. Esta novela nació con el personaje de Victoria. Yo sabía y quería que el diario de Victoria fuera una entrada a la novela, no la única, así que buscaba otra voz y otro tiempo que lo alternara. Tenía escritas las primeras escenas de la novela que transcurren a fines del 2001, pero necesitaba primero escribir y conocer el pasado de esta amistad, entre Victoria y Paulina, y recién después dedicarme al presente y trabajar la totalidad como un rompecabezas, ya que es una novela que, se podría decir, se muerde la cola.

- ANN:¿Cómo te marcó la dictadura militar y la crisis política del 2001?
- R.D: De la dictadura prácticamente no tengo recuerdos porque era muy chica, fue a partir de la democracia que se empezó a hablar sobre lo que había pasado. En mi casa se seguía por televisión las investigaciones de la CONADEP, los testigos, los juicios y recuerdo el horror que me causaban todas esas historias.
El solo hecho de pensar que mi padre podría haber desaparecido me daba pánico, sobre todo porque seguía habiendo un clima de incertidumbre, la posibilidad de que los militares volvieran. A mí me pasó que me hicieron callar porque me puse a cantar en el micro escolar "Para el pueblo lo que es del pueblo".
De cosas sí me acuerdo y las puse en la novela. A pesar de la sombra de la dictadura, era una época de esperanza. En los 80 todo estaba por hacerse de nuevo.
En los 90, la esperanza ya no estaba tan de moda y en el 2001 nos explotó en la cara. Muchos no habíamos cumplido los 30, teníamos títulos universitarios pero no había manera de insertarse en el mercado laboral.

-ANN: Los personajes que construiste no tienen reglas o eligen conductas que los dejan al margen de la sociedad, ¿esa forma de reaccionar es una respuesta al sistema que no los contiene?
-R.D: Sí y no. Cuando un país se viene abajo, no es fácil hacerse un camino, sobre todo siendo joven. Pero eso no debería ser un impedimento. Y ahí entra en juego el título de la novela, si lo leemos desde el punto de vista sartreano. Uno siempre tiene la libertad de elegir el modo de reaccionar, pero una forma muy común del ser humano -para protegerse o escapar a su responsabilidad- es mentirse y decirse: - Yo no podría haber hecho otra cosa.
Más allá de esta dialéctica, creo que a mis personajes les gusta optar por el mal. Al principio, como un modo de rebeldía, luego como una atracción hacia el abismo.

-ANN: ¿Por qué elegiste mujeres como protagonistas de esta historia?
-R.D: Me gustan las mujeres crueles, no al estilo Cruella de Vil, las villanas son aburridas. Me gusta encontrar esa pequeña pizca de maldad que puede haber en una tía, una madre o incluso una dulce ancianita. Por otro lado, esta novela no sería la misma si sus protagonistas fueran varones. Había unas cuantas cuestiones que me interesaba tratar o contar: desde las típicas borracheras de chica bolichera hasta qué hacer con el legado feminista.

-ANN: Las conductas de robo que protagoniza Paulina ¿podrían leerse como una gran metáfora del robo de la esperanza, en tanto falta de posibilidades para los jóvenes?
-R.D: No me encargo nunca de hacer una lectura de mis propios textos, pero soy solícita de las que pueden hacer otros. Para responder a tu pregunta, nunca pensé el tema de los robos como una metáfora sino como el comienzo de un engranaje que me iba a llevar a algo más peligroso que al simple robo de una cajita de caldos. Más que una metáfora, me interesaba crear un ambiente de desesperanza.
El epílogo, en el año 2007, da una suerte de respiro y apunta a un futuro. Pero la novela termina allí y el lector tendrá que imaginarlo.

 

Por Claudia Lorenzón

Agencia Nacional de Noticias

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