EspectáculosLunes, 20 Febrero, 2017 - 10:25

Intento de robo a Inés Estévez

La actriz caminaba hacia su casa cuando dos ladrones la interceptaron. Quisieron golpearla y se defendió como pudo. Su relato.

Inés Estévez (52) sufrió un violento intento de robo mientras caminaba por la Ciudad de Buenos Aires. Fue durante la noche del jueves, cuando regresaba a su casa luego de una salida por Palermo. Dos jóvenes la interceptaron cerca de la calle Álvarez Thomas e intentaron quitarle la cartera. Uno de ellos quiso golpearla, ella se defendió como pudo.

 

Esta vez, la resistencia al asalto fue favorable: los ladrones no supieron cómo reaccionar y se escaparon a las corridas. Tras el episodio, la actriz escribió una extensa carta en su muro de Facebook, relatando el intento de robo y expresando su impotencia y dolor ante la situación.

 

"Salieron de la más absoluta nada dos pibitos. Cuando digo pibitos, digo pibitos. Quienes, evidentemente puestos de acuerdo de antemano, se dedicaron, uno, a tironear la cartera que llevaba al hombro, mientras el otro intentó un golpe duro (no acierto a dilucidar con qué, no era un arma) a la altura del estómago", comenzó a contar Estévez.

 

"Me sorprendí girando como un trompo, la cartera tomada de las manijas, en ristre, cual Linda Carter, ciega de rabia por el atropello y pena por la desprotección, dando mazazos a cualquier elemento sólido que pudiera acercarse a un metro de distancia de ese molinete humano en el que me convertí por lo que deben haber sido unos segundos", continuó.

 

Luego de que los delincuentes se escaparan, la actriz junto sus pertenencias (algunas se habían caído producto de su defensa) y siguió el camino hasta su casa. Llegó, se acostó y se largó a llorar. "Me llamaron la atención dos cosas... Todo el episodio había transcurrido en el más absoluto silencio, ni ellos ni yo proferimos sonido alguno. Y que una vez en casa, sentada al borde de la cama de mi hija mayor, lloré como una nena, pensando que dentro de 5 o 6 años tendrán la edad de esos chicos con los que tuve que boxear para defenderme", concluyó.

 

EL TEXTO COMPLETO DE INÉS ESTÉVEZ

Anoche mis piernas decidieron volver hasta casa caminando desde Palermo. Solía ser una práctica habitual hace unos cuantísimos años, eso de caminar a paso vivo por las noches cuando Buenos Aires se pone aireada en verano. El caso es que estando cercana a una perpendicular a Álvarez Thomas (no puedo discernir cuál), salieron de la más absoluta nada dos pibitos. Cuando digo pibitos digo pibitos. Quienes, evidentemente puestos de acuerdo de antemano, se dedicaron, uno, a tironear la cartera que llevaba al hombro, mientras el otro intentó un golpe duro (no acierto a dilucidar con qué, no era un arma) a la altura del estómago.

 

Venía yo -por describirlo de algún modo- en un estado emocional intenso similar al de una hembra de alguna especie felina en alerta, lo cual me hizo presentir el ataque, esquivar la contundencia del golpe y aferrarme a la cartera con ambas manos.

 

Por obra de algo que intentó uno de ellos con un pie contra el mío, me sorprendí girando como un trompo, la cartera tomada de las manijas, en ristre, cual Linda Carter, ciega de rabia por el atropello y pena por la desprotección, dando mazazos a cualquier elemento sólido que pudiera acercarse a un metro de distancia de ese molinete humano en el que me convertí por lo que deben haber sido unos segundos. Al cabo de los cuales los chiquitos estos se dieron a la fuga.

 

Levanté las pocas cosas que cayeron de la cartera, entre las cuales figuraban las toallitas de limpiar las colas de mis hijas, me soplé el flequillo con impotencia, me toqué el cuerpo para comprobar que no había recibido herida alguna, alcé el mentón, y algo dolorida retomé mi marcha a paso vivo hacia mi casa.

 

Cuando llegué mis hijas dormían plácidas. Me llamaron la atención dos cosas: una, que todo el episodio había transcurrido en el mas absoluto silencio, ni ellos ni yo proferimos sonido alguno; la otra, que una vez en casa, sentada al borde de la cama de mi hija mayor, lloré como una nena, pensando que dentro de 5 o 6 años tendrán la edad de esos chicos con los que tuve que boxear para defenderme de no se sabe qué. Me duele un poco un pie, bastante el estómago, y mucho, mucho, el mundo.

 

Fuente: SM - Clarín

Comentá esta nota