Columnistas | OpiniónViernes, 14 Abril, 2017 - 16:20

Nos merecemos una dirigencia sindical que respete la ley

Por Yamil Santoro (*)

Durante muchos años vimos como desde la Presidente para abajo se cruzaban todos los límites éticos, morales y legales. Vimos como se abusaban de las instituciones y se actuaba en base intereses políticos partidarios en lugar de pensar en el bien común.
Normalizamos el actuar por fuera de la ley de aquellos que nos gobernaban. La ilegalidad como una forma de hacer política.
A diferencia de lo que nos intentaron hacer creer por muchos años, un Estado fuerte es aquel que hace cumplir las leyes. Su opuesto, el débil, es aquel que permite que las mafias y grupos de presión se impongan sus intereses particulares sobre los derechos del resto de la sociedad.
Los argentinos estamos viendo ponerse de pie a un Estado que había sido desgastado por los atropellos y la desidia. Este Gobierno está reconstruyendo los límites de la convivencia democrática haciendo cumplir las leyes. El Estado de Derecho es la condición necesaria para que la República funcione.
El domingo pasado, Roberto Baradel y quienes lo acompañaron eligieron actuar de manera ilegal al instalar una carpa frente al Congreso de la Nación sin tener el permiso correspondiente. En 2013, quienes éramos oposición instalamos una carpa en ese mismo lugar buscando alertar sobre el riesgo de la reforma judicial impulsada por el kirchnerismo, habiendo conseguido los permisos correspondientes. ¿Por qué los sindicalistas no lo hicieron también?
Quien viola las leyes merece ser sancionado sin importar quién sea. No importa si se es docente, médico, bombero, Presidente o Madre de Plaza de Mayo, todos somos iguales ante la ley. Sin permiso no hay derecho y los derechos se hacen valer en virtud de las reglas vigentes. Y, ante una violación de este tipo, el Estado tiene la obligación de responder haciendo valer los límites.
Ahora, ¿Por qué Baradel no esperó al permiso correspondiente y se quiso imponer por la fuerza? Creo que se debe a que la semana pasada, los docentes resolvieron no continuar con el paro que tenía de rehenes - y como principales perjudicados- a miles de chicos en la Provincia de Buenos Aires. De esta manera, sumado al bajo nivel de adhesión al nuevo paro convocado, le pusieron fin al método de violencia y extorsión que él impulsaba. Ante esta realidad, Baradel prefirió volver a apostar al caos en vez de respetar la voluntad de diálogo de los docentes.
La legislación vigente establece claramente que el Estado Nacional debe acordar con los docentes el salario mínimo, cosa que se hizo: desde el 2016 se actualiza de manera automática y se incrementó en un 73% en 15 meses. Baradel y algunos gremialistas irresponsables quieren imponer la necesidad de una "paritaria nacional docente" la cual no tiene base jurídica y viola la autonomía de las Provincias. Además, el tema ya está judicializado. ¿Acaso se busca presionar a la Justicia como se hacía libremente durante el gobierno anterior?
Estamos viendo respuestas ante los manteros, piquetes y otras formas de abuso del espacio público y de violencia política. Es un camino que nos va a beneficiar a todos los argentinos, sin importar banderas políticas. Necesitamos recuperar el orden y es fundamental que trabajemos entre todos para lograrlo. Evidentemente hay algunos sindicalistas que no están a la altura de las circunstancias. Nos merecemos mejores dirigentes sindicales que Baradel.
(*) Abogado. Secretario de Formación del partido Unión por la Libertad.

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