Espectáculos

Lizy Tagliani, un fenómeno que no para de crecer

Un análisis de la carrera artística (aunque ya lleva su recorrido) de la humorista que desde febrero tendrá su propio programa de tele. Su crecimiento récord y los desafíos por venir

Figuras nuevas surgen todo el tiempo en el medio artístico de la Argentina; pero muchas parecen vivir un "cuarto de hora" mediático, de fama o trascendencia. Son pocos los casos en los que podamos prever que han llegado para quedarse; sin desmerecer a nadie, sabemos que la carrera televisiva, radial o teatral, es una prueba más de resistencia que de velocidad. Sobran los casos de personajes que bajan tan rápido como suben. La ultra exposición suele jugar malas jugadas, los personajes saturan, como si se tratara de un hit que pasan en la radio todo el día hasta llegar a un punto en el que no lo querés escuchar más. Y el gran problema, sobre todo, es que detrás de figuras de moda que tienen miles y miles de seguidores en las redes y se habla de ellos en cadena nacional, rara vez tienen el talento suficiente para sostenerse en el tiempo.

Todo esto tiene una excepción unánime que rompe toda regla y se llama Lizy Tagliani. Aunque nadie tenga la vaca atada, sobresale por lejos esta mujer que no reniega de ser un hombre, que se ha transformado en capocómica, conductora, actriz y personaje en sí mismo, con la mayor virtud que consigue la identificación popular como nada en este mundo: se ríe de sí misma, es sincera a ultranza y convoca multitudes. Inclusive como "segunda", acompañando a conductores, como Santiago del Moro o Verónica Lozano, sabe ocupar ese rol como gran sostén; partenaire, como supieron serlo Javier Portales o tantos cómicos que acompañaban al "principal" luciéndose tanto o más que ellos. ¿Sería lo mismo El Club del Moro sin Lizy Tagliani? ¿Será lo mismo Cortá por Lozano sin ella?

Tagliani se prepara para conducir su propio ciclo en Telefe desde febrero, cuando haga al mediodía un ciclo de entretenimientos con base en el exitoso formato mundial de El precio justo. Será una prueba de fuego en su carrera, el ansiado ascenso que todos buscan en la tele, conducir su propio ciclo, en un canal que, así como da muchísima repercusión, también es un fusible rápido si un programa no funciona. Empezar un programa no es fácil con la exigencia de rating de un líder, y sino pregúntenle a Pampita, quien arrancó el 2018 como gran conductora y en tres meses dejó el ciclo que conducía sin despedirse siquiera, sabiendo que la iban a levantar.

Pero el desafío mayor que tendrá Lizy -más allá del raring- será seguir siendo ella misma, la clave en todo esto, lo que la llevó a su éxito, y lo que en su momento fue la condena de Florencia de la Ve. "Se la creyó, ahora cree que es una diva", dijeron muchos que no le perdonaron cierto aire de celebrity. Lizy, pese al lugar de privilegio que ya ocupa, a cortar tickets en teatro como para tener una importante ganancia económica, sigue hablando de cuando se afeita el bigote y sus andanzas como "trava", no despotrica ni reniega de su pasado, sino que continuamente juega con el doble sentido en cuanto a su condición, y eso la hace desopilante. Tiene un humor que nunca baja y una particularidad que se da en pocos casos: es irreprochable.

Pocos famosos lo logran. En general, se los ama o se los odia, tiene fans ultra talibanes o detractores sin piedad; las redes son un enjambre de insultos o defensas subjetivas. ¿Alguien conoce a personas que odien a Lizy Tagliani? Por supuesto que con esto no alcanza para tener rating. Un programa es mucho más que su conductor o conductora, o el actor que lo protagoniza en caso de ser una ficción. Hay múltiples factores de los que depende un éxito o un fracaso: la competencia directa, el formato, el encendido en su horario, la producción, los temas. Lizy no podrá escaparle a todo eso, de lo que puede depender que le vaya bien o mal, o más o menos. Pero nadie duda que puede encarar una conducción, siempre que esté "bien llevada" en ese camino, sin que la alejen de su estilo o quieran convertirla en una conductora cool. Si está cerca de la gente, tiene el 70% de la apuesta ganada de antemano. En ese sentido, salvando las distancias, Lizy tiene mucho de Susana Giménez: lo auténtico de su persona/personaje, reírse de sí misma y hacer cómplice a la gente de todo lo que le pasa, es y será su carta de triunfo. ¿Quién dice que la nueva diva nacional acorde a estos tiempos de apertura e igualdades, no pueda ser una chica trans?

Dejá tu comentario:

Union Radio

Parlantes
Union digital