Columnistas | Panorama UrbanoMartes, 18 Octubre, 2011 - 09:04

Lo que no fue…

Basilio Bomczuk

Si caminamos por calle San Martín en sentido oeste-este nos encontramos en la intersección con calle Vicario Segura con el Seminario Menor, obra del arquitecto Luis Caravati. El edificio forma parte de la arquitectura que por su escala se destaca en la ciudad, constituyéndose en uno de los elementos referenciales del paisaje urbano.
Precisamente, en la esquina mencionada se está haciendo una obra que ilustra la fotografía de esta nota. Se trata de una pared hecha con ladrillos comunes y piedra que reemplaza otra vieja de adobe.
Lo que quizás no sabe el lector es que en lugar de esa nueva pared se iba a construir una plazoleta. De haberse construido, se hubiera cedido a todos los vecinos de SFVC un hermoso espacio público. El proyecto se abortó y lamentablemente nos quedamos sin la posibilidad de contar con un lugar que iba a reforzar la arquitectura de Caravati en la ciudad.
Mientras escribo estas líneas vienen a mi mente dos ejemplos de aportes realizados a favor del espacio público de una ciudad, en distintas escalas, que inmediatamente paso a contar.

La propuesta de Mies
Entre 1954 y 1958 el arquitecto Mies van der Rohe diseña y construye en Nueva York, el edificio Seagram, ya mencionado en esta columna de opinión. Este rascacielos de 39 pisos está situado en Park Avenue, en pleno barrio de negocios de Manhattan. El edificio está retrasado con respecto a la alineación de las demás construcciones, se levanta sobre una terraza que lo rodea y está delimitado por la avenida y dos calles laterales. Esta solución da una majestuosidad extraordinaria al edificio.
Pero más allá de esta somera descripción de la torre hay que destacar la plaza que deja sobre la Park Avenue. Este espacio cedido al uso público -en un sector de la ciudad donde los terrenos son los más caros del mundo- demuestran una sensibilidad muy especial que lo distingue de otros profesionales que hicieron un uso intensivo especulativo de la tierra del lugar.

La propuesta de un estudiante
Un estudiante del Taller I de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Rioja -en una de las críticas previstas- nos muestra al equipo docente de la cátedra, cómo en una situación similar de ocupación del suelo -pero en su caso con el diseño de una pequeña vivienda- tuvo una actitud diferente.
En la esquina donde debía desarrollar el ejercicio proyectual se encuentra un inmenso árbol. Carlos -el joven estudiante- lo cedió al espacio público, retranqueando la pared que cierra el espacio privado de la casa. Llega a colocar, inclusive, un par de asientos para que los vecinos riojanos puedan disfrutar de su sombra…
Con absoluta generosidad, el estudiante piensa cómo hacer para que ese hermoso árbol pueda formar parte del barrio, sacrificando su uso privado. Además, en la crítica cuenta cómo convencer al usuario de la actitud que debemos tomar con nuestro espacio privado en relación con la ciudad.

Lo que no fue
Pienso -mientras escribo esta nota, alentada por muchos vecinos que siguen nuestras opiniones- en la actitud miserable de quienes tomaron la decisión de volver a construir la pared en el Seminario Menor, y no ceder al espacio público aquella plazoleta proyectada, para jerarquizar semejante obra patrimonial de la ciudad.
Considerando las escalas, del espacio del Seminario y de la vivienda del estudiante, no puedo dejar de sorprenderme gratamente de la enseñanza que nos deja el joven y la mezquindad de los otros…

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