ColumnistasSábado, 31 Diciembre, 2011 - 10:04

La noche que Locche se bañó de gloria

Por Leo Romero (*)

Hace 43 años y un cacho más, Nicolino Locche, uno de los máximos ídolos del boxeo argentino de todos los tiempos, vivía en la ciudad de Tokio (Japón) la noche más gloriosa de toda su brillante carrera deportiva. Por una simple y sencilla razón: el 12 de diciembre de 1968, se consagraba campeón mundial de la categoría welter junior (versión Asociación Mundial de Boxeo -AMB-), al derrotar al local Paul Fuji por nocaut técnico, tras propinarle una soberana paliza y darle una lección de tecnicismo y efectividad pugilística. “El Intocable”, tal cual lo bautizaron sus leales seguidores, dada su enorme capacidad defensiva, que le permitía esquivar los golpes adversarios mediante excelentes trabajos de cintura, barridos, bloqueos y un visteo verdaderamente extraterrestre, que asombraba a todos los públicos, dentro y fuera del país, nació en la provincia de Mendoza el 2 de setiembre de 1939.
Hijo de inmigrantes italianos, Locche inició su camino en el deporte de los puños, cuando apenas contaba con nueve años de edad, teniendo como maestro al inolvidable entrenador Francisco “Paco” Bermúdez, quien conducía el Mocoroa Boxing Club. En calidad de amateur o aficionado, logró 122 triunfos y apenas cinco caídas. Debutó como rentado el 11 de diciembre de 1958, superando por nocaut, en el segundo capítulo, a Luis García. Posteriormente, se clasifica campeón mendocino, argentino y sudamericano del grupo de los livianos, arrebatándole el cinturón nacional a Cirilo Gil, mientras que en 1966 pasa a incursionar entre los welters juniors (medio mediano liviano), apoderándose también de los títulos nacional y sudcontinental. Bajo el inigualable accionar de sus puños, fueron rindiéndose muchas de las figuras que por entonces militaban en la mencionada divisional. Hasta que llegó la soñada oportunidad de combatir por la diadema ecuménica, allá en el lejano imperio del sol naciente. Todo el país festejó la victoria, sin discusión alguna, del hombre nacido en la ciudad de Tunuyán, pasando a engrosar la galería de las máximas luminarias argentinas. Cabe recordar que el púgil nipón no salió a combatir en el décimo asalto, decretando el éxito por KOT del “rey de los reflejos”.
De regreso a la Argentina, el gran Nicolino defiende exitosamente, en seis ocasiones, la faja mundial, doblegando a Manuel Jack Hernández, Carlos Hernández, Joao Henrique, Adolph Pruitt, Antonio Cervantes (“Kid Pambelé”) y Domingo Barrera Corpas, pero el 10 de marzo de 1972 resigna la faja mundial, al perder por puntos, en Panamá, con Alfonzo “Peppermint” Frazer. Un año después intenta recuperar la corona, pero es derrotado por Antonio Cervantes, razón por la cual en 1975 decide retirarse de la actividad. Honda desazón entre sus fanáticos, que hasta ese momento llenaban el estadio del Luna Park de Buenos Aires, para degustar de su exquisito boxeo, preñado de talento, creatividad y efectividad. Jamás fue un noqueador ni un fajador a la hora de darle un corte definitivo a la lucha, favorable a él, por amplios márgenes en las tarjetas de los jurados.
“No es la manera ni el objetivo que persigue mi trabajo arriba de un ring. Me gusta divertirme y divertir a quienes pagan una entrada para verme pelear. En muchas oportunidades, cuando veía que mi rival estaba mal y no podía responder a mis golpes, le hacía señas al árbitro para que detuviera las acciones. Eso fue siempre Locche en el cuadrilátero”, me comentó personalmente una noche-madrugada cuando vino a efectuar un match exhibición en nuestra ciudad y nos reunimos junto a su comprovinciano Roberto Alejandro Mema, un entrenador radicado hace mucho tiempo en San Fernando del Valle de Catamarca y ex ayudante de Bermúdez. Recordemos que “El Turco” Mema estuvo en el rincón del catamarqueño Hugo Rafael Soto, cuando éste se consagrara titular mundial de la división mosca, doblegando en el hotel Hilton de la ciudad de Las Vegas (EE.UU.) al venezolano José Bonilla el 29 de mayo de 1998.
Es digno destacar que en el año 2003, el ídolo mendocino se sumó al Salón Internacional de la Fama del Boxeo, junto al norteamericano George Foreman y el jamaiquino Mike McCallum, un sitio donde también habitan para la posteridad, entre otros, los argentinos Luis Angel Firpo y Carlos Monzón. Empedernido fumador –jamás pudo dejar el pucho, pese a sus promesas-, el 7 de setiembre de 2005, a los 66 años de edad, Nicolino Locche falleció en una clínica de la ciudad de Las Heras de su Mendoza natal, a raíz de una insuficiencia respiratoria crónica. Cabe destacar que fue el primer boxeador de la Argentina que logró llevar público femenino a sus combates, por lo que es considerado un símbolo y una verdadera leyenda del boxeo nacional.

(*) Periodista deportivo.
Ex jefe de Deportes de LA UNION.
Socio fundador del Círculo de
Periodistas Deportivos de Catamarca.

Comentá esta nota