ColumnistasSábado, 14 Enero, 2012 - 09:25

Mema vino para abrazar a su madre adoptiva

Por Leo Romero

El destino tiene estas cosas que cuesta muchas veces entender o comprender, dentro del plano que marca la lógica humana. Cuando estaba muy cerca de festejar sus setenta y dos abriles, muy bien llevados, dado el especial cuidado que le otorgaba a su cuerpo y a su mente, Roberto Alejandro Mema sufrió un cruel infarto que lo mandó, sin previo aviso, a la terapia intensiva de un centro médico de su provincia natal, Mendoza. Por eso, la información que llegó a nuestros oídos, a través de su hija mayor, Karina, sorprendió a todo el mundillo deportivo local, en especial a la familia del boxeo, donde desde siempre entregó sus mejores esfuerzos y capacidades. Entrenador nacional de la especialidad, formado en la escuela del inolvidable maestro Francisco “Paco” Bermúdez, un día ya muy lejano Mema llegó a Catamarca por razones laborales. Pronto, por amor y vocación de servicio, se puso en contacto con Oscar “Cachín” Díaz, quien por entonces era el amo y señor del viejo y desaparecido gimnasio de la Unión Obrera de Socorros Mutuos, lugar al que concurría la mayoría de los mejores púgiles del medio. Aunque por ahí tuvieron algunos encontronazos de índole privada, el cuyano, nacido el 23 de febrero de 1940 en la localidad de Luján de Cuyo (Mendoza), nunca dejó de valorar el respaldo que recibió de parte de Díaz, ya que fue el hombre que le abrió las puertas para que comenzara a trabajar en el rubro específico.
Poco a poco, “El Turco” Mema, como lo identificaban sus más cercanos amigos, comenzó a mostrar sus cualidades de excelente adiestrador, marcando una notoria diferencia con el resto de sus colegas. No porque supiera más sobre los secretos y artimañas del ring, sino porque volcó en sus clases técnicas y de guanteo, el inigualable estilo que hasta el día de hoy identifica a la cátedra mendocina, transmitida no sólo por Bermúdez sino además por profesores de la talla de Diego Corrientes, Marcelo Tejero, Osvaldo Cavillón y Carlos Suárez, entre otros. Su primer pupilo, según él mismo siempre lo recordaba, fue el mediano José Alberto Navarro (“Yoyi”), un valor de grandes condiciones y poseedor de una fuerte pegada. Con el tiempo, se consagró campeón argentino amateur, título que también ostentaron en su oportunidad, Hugo Rafael Soto y Horacio René Brandán (“El Chelco”), además de otras distinciones en el orden regional (noroeste del país). También desfilaron por sus expertas manos Daniel Agüero (“El Loquillo”), Héctor Antonio Monetti, Carlos Andrés Ponce, Domingo Agüero, Ramón Rodríguez (“El Bombacha”), Ramón Cativa (“Chano”) y los profesionales Jorge Oscar Martínez (“Chano”) y Eduardo Domingo Contreras, este último nacido en Rosario (Santa Fe). El santafecino realizó alredor de diez peleas en San Fernando del Valle, regresando invicto a sus pagos sureños.
A esta altura de los acontecimientos, ya tenía como alumno predilecto a Sergio Oscar Arréguez (“El Yuyo”), un supergallo de muy buenas aptitudes técnicas, elogiado muchas veces dentro y fuera de nuestra provincia. Fue precisamente con Arréguez, con quien bebió el rico licor del éxito mayor, obteniendo el título de campeón argentino profesional de la división, al derrotar por puntos al santafesino Néstor Luis Paniagua, el día 8 de julio de 1988. El choque se efectuó en el polideportivo Capital, bajo la organización del promotor Rafael Abel Maldonado, colaborado por el Dr. Alberto Trezza, un fanático del boxeo, apoderado, entre otros, del ex campeón mundial Sergio Víctor Palma. Noche inolvidable, puesto que “El Yuyo” Arréguez se convertía en el tercer titular nacional del deporte de los puños de Catamarca, repitiendo las anteriores conquistas de Oscar “Cachín” Díaz (1961) y Luis Armando Soto (1987 y no 1986, como algunos despistados lo consignan por ahí), dos nombres muy ligados a la vida deportiva de Mema. Por una simple y sencilla razón: un año antes, precisamente el 27 de febrero de 1987, el mayor de los Soto se colocaba el cinturón de los livianos, al vencer al jujeño Jesús Eugenio Romero por KOT, en el undécimo asalto, en la ciudad de Mar del Plata. Quienes estuvieron en el vértice de “El Japonés” de Los Ejidos? Mema y Díaz, unidos por una sociedad de palabra que se rompió prematuramente.
Para el cierre de esta columna periodística, dejamos ex profeso el eslabón más saliente de la cadena dorada que lograra Roberto Alejandro Mema en su carrera deportiva, en calidad de entrenador y manager. El logro, por parte de Hugo Rafael Soto (“El Chueco”), de la corona mundial de la categoría mosca, versión Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Aconteció, como se sabe, en la ciudad de Las Vegas (Estados Unidos), el día 29 de mayo de 1998, frente al venezolano José Bonilla, a quien superó por puntos, en decisión dividida. Hoy, internado en terapia intensiva del hospital San Juan Bautista, aguardando un milagro del Señor, vino desde Mendoza para abrazar y quedarse para siempre, tal cual fue su deseo, junto a su madre adoptiva, Catamarca.

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