Columnistas | Panorama TurísticoMartes, 6 Noviembre, 2012 - 07:40

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"Mimoso"

Por Juan Carlos Andrada

En el exceso de confianza radica el peligro. Más allá de que es un concepto básico relacionado con la seguridad, lo cierto es que las desventuras, en cualquier sentido que conciban, aparecen cuando confiados nos dejamos de cuidar y hacer lo necesario.
Vinculemos esta idea general con el turismo, y en particular con el Rally Dakar. La competencia llegó casi de la nada, no la esperábamos, y así como no hicimos ninguna gestión para traerla, tampoco nos preocupó demasiado contener el evento para que “se quede”.
Como los organizadores y pilotos elogiaron la geografía catamarqueña para el rally internacional, confiamos en que el Dakar pasará siempre por Fiambalá. Obviamente, nuestra comodidad no nos deja ver que podría ser distinto. ¿Iluso yo?
 
Rápido y furioso
En este mundo tan rápido y vertiginoso no es difícil encontrar funcionarios y empresarios ilusos, pero créame que no hay que andar mucho para dar con ellos. Se puede ser confiado cuando uno es precavido, pero no se puede esperar demasiado cuando somos inconsecuentes.
Para conocimiento de los que siguen estas cuestiones con atención, hemos de recordar que países vecinos quieren quedarse con la competencia. En este sentido, lidiamos inconscientemente con las pretensiones de Brasil, Bolivia y Paraguay.
Como otras buenas noticias que tuvimos los catamarqueños, el rally como evento nos pasó por encima, no lo supimos aprovechar desde el principio. Nos conformamos con que pase simplemente y ni siquiera imaginamos que la edición 2013 pueda ser el último.
 
Empantanados en lo elemental
Lo analicemos desde otra perspectiva. Si el turista va a Salta ¿por qué no van a venir a Catamarca? La respuesta es clara. En Salta tienen todos los servicios aceitados y mejorados hace tiempo. En cambio, los catamarqueños tenemos todavía serios problemas con lo elemental.
Sin buenos servicios de luz, agua y caminos en los principales centros turísticos de la provincia, la invitación corre el riesgo de caer muy mal al turista. Evidentemente, por muchos años tuvimos el sentido común afectado y el orden de prioridades invertido como le gusta decir al vicegobernador Dalmacio Mera.
A decir verdad, todos sabemos que la hostería Cortaderas tendría que haber estado en la localidad de Fiambalá y no a 100 kilómetros de distancia de donde hace falta realmente hoy. Asimismo, el puente sobre el río Abaucán ya tendría que haber estado construido.
Lo cierto es que en uno de los lugares de mayor concentración turística no hay camas y la gente sigue quedando a uno de los costados del curso del río Abaucán cuando el mismo crece. Por si quedan dudas, cualquiera sea la materia a la que se aplique la política, si lo hace con sentido común debe resolver problemas, no potenciarlos.
 
Igual que con la minería
Con el turismo sucede lo mismo que con el tema minero. No es solo tener recursos, hay que saber cómo aprovecharlos. Tenemos que aprender a sacarle ventaja a ese capital turístico cultural que naturalmente Dios nos ha dado para agregarle valor y ponerlo a nuestro favor.  
“La Cuna del Poncho”, la tierra de la Virgen del Valle, la capital del Dakar, la provincia con grandes reservas arqueológicas como El Shincal y bellos paisajes místicos a lo largo de la ruta 40, son “una suerte que no la tiene cualquiera”, pero es inconcebible como proyecto turístico si no tiene servicios básicos.
Cómo entender que localidades que no tienen estacionalidad y que por lo tanto pueden ser visitadas durante todo el año por turistas nacionales e internacionales no tengan plazas disponibles, agua o energía suficientes para poder cumplir con la demanda de los visitantes que llegan hasta el lugar.
 

¿Importa la plata? 
Sin embargo, mientras el turista lo reclamó por años, la respuesta fue tan lenta que nunca llegó. Y si faltaba el agua y la luz ¿por qué iba a preocuparle al Gobierno que tampoco hubiera cajeros automáticos?
La idea de que primero hay que mejorar la afluencia de turistas para recién empezar a solucionar problemas o invertir en turismo es una falacia. Es al revés. Ante todo hay que trabajar en la oferta turística, realizar las inversiones necesarias y suplir las falencias. 
Todo es una cadena. Si mejoramos las condiciones del camino va a mejorar el servicio de transporte. Además, si un turista no tiene dónde comer, no consigue comidas típicas o la gastronomía que diferencie al lugar, va a estar difícil que regrese.
 
Desafío intacto
Desde la actual gestión habrá cuestiones relacionadas con lo estratégico, otras con lo promocional y/o lo táctico; el tema es que el objetivo es el mismo desde hace años porque nunca pudo saldarse, y por lo tanto la actual administración se encuentra con el desafío intacto.
Se trata de satisfacer las necesidades y expectativas razonables de los visitantes. Tienen que ver con la incorporación, el desarrollo y las expectativas de una provincia pujante. Es la realidad con la que nos enfrentamos los catamarqueños que miramos de frente el turismo con esperanza.
Sin dudas, necesitamos de fuertes inversiones para aumentar y mejorar la calidad en los servicios si queremos reinsertar a Catamarca en el mapa turístico. Para ello, no solo aspiramos a brindar un buen servicio o una buena atención, sino que incluso habrá que “mimar” al turista para que se vaya contento y vuelva.
 
Por Juan Carlos Andrada (De la Redacción del Diario LA UNION)

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