Columnistas | Panorama TurísticoMartes, 4 Diciembre, 2012 - 07:25

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Una política de altura

Por Juan Carlos Andrada

Un amigo me preguntó por qué no hacemos un parador con todos los servicios en la Cuesta de la Cébila y me dejó sin palabras. Ciertamente la atracción, o mejor dicho la fascinación que genera el lugar en los turistas, da para eso y mucho más.
Que no parezca una locura. Hablamos de una infraestructura multiservicios para que los visitantes puedan estirar las piernas, sacarse fotos, comer algo e incluso hasta un poco de turismo aventura. Hay que ver  la seducción y el encanto que atrapa sobre todo a los visitantes de la ciudad.
Pero vamos más allá con el razonamiento, porque las cuestas o quebradas catamarqueñas no han sido hasta la fecha un recurso debidamente aprovechado y menos promocionado, con  excepción por supuesto de la Cuesta del Portezuelo.
En este sentido, imaginamos que la adrenalina que provoca la altura y el turismo de montaña debería ser contemplada en la oferta turística de la provincia, a través de circuitos que incluyan el tránsito por estas imponentes maravillas naturales.
 
Atalayas naturales
La regla es simple. Cuanta más altura, mayor emoción y sensación recogerá el turista. El ascenso o descenso por caminos sinuosos presenta magníficas vistas panorámicas y el descubrimiento de insospechados paisajes de altura.
La Cuesta del Portezuelo es un largo y serpenteante camino que escala por la ladera de las sierras de Ancasti, apoyado de un lado en la espalda de montaña y del otro dejando ver el vacío de profundos precipicios.
Apreciar Catamarca desde estas atalayas naturales tiene otro impacto en el turista, y se requiere, además de cierta pericia al volante, buenas condiciones mecánicas del vehículo en el marco de abismos admirables y desafiantes.
 
Contraste a pocos kilómetros
El camino que zigzaguea y poco a poco va ganando altura, suele ir acompañada de una vegetación variada. Paréntesis para referirnos a la Cuesta de La Chilca (pedregosa, agreste y seca) y a pocos kilómetros El Clavillo (de mucha vegetación y lluvioso).
Y en el medio de estas majestuosidades, el Campo del Pucará (Aconquija- Andalgalá), lugar donde se realizaron algunos de los hallazgos arqueológicos más importantes del país como, por ejemplo, las antiquísimas estatuillas labradas en piedra conocidas como “suplicantes”.
En ese límite de las provincias de Catamarca y Tucumán, se puede comprobar cómo de repente cambia el paisaje y el clima, de una cuesta a la otra, pasando de la aridez a la vegetación copiosa y abundante.

 
Las segundas más altas del mundo
Catamarca ofrece una gama diversa de atracciones turísticas. La geografía cuantiosa en volcanes, cerros y valles se complementa con las riquezas arqueológicas y la fuerte tradición de su historia. Sumemos sin dudar las cuestas y quebradas.
Resulta por demás interesante viajar desde Belén a Antofagasta de la Sierra y, desde Tinogasta, al Paso de San Francisco, que lleva a Chile. Un privilegio de los catamarqueños en el oeste catamarqueño por donde se corre el Rally Dakar.
Las estrechas gargantas rocosas por donde pasa la ruta del corredor internacional San Francisco, son acompañadas por una multitud de cerros de más de 6.000 metros de altura, que hacen a esta zona la segunda más alta del mundo, después del cordón del Himalaya.
 
Sitios de altura
Pocas provincias cuentan con tantas rutas a través de cuestas. Además de las nombradas, figuran entre las más importantes: las de El Totoral, de La Cébila, de Pasto Ventura, de Zapata, Indalecio y de Randolfo, por nombrar solo algunas.
Por caso un carril serpenteando lleva a pueblitos típicamente catamarqueños, elevándose poco a poco hasta llegar a destino: Mutquín, Rincón, Colana. Lugares de belleza extrema enclavadas en el cerro, con vistas extraordinarias y comidas típicas. 
Para llegar a Minas Capillitas, por ejemplo, hay que subir por una cuesta. Allí se explota la rodocrosita o Rosa del Inca. Esta piedra semipreciosa se encuentra en muy pocos lugares del mundo.
 
Junto con otras alternativas
Se trata solo de sumar un elemento más a Catamarca que goza de una gran diversidad de microclimas, numerosos ríos y lagos donde se puede pescar o practicar yachting, motonáutica, windsurf y natación.
Algunos de estos lugares son los embalses de Las Pirquitas, El Jumeal, Ipizca, Motegasta, Collagasta, Alijilán y Sumampa. El trekking se realiza en El Rodeo y La Puerta. El montañismo en el Manchao y la sierra de Ambato.
La provincia cuenta con alrededor de 2.200 hectáreas de viñas y parrales de uvas de mesa, pasas de uva y uvas para vinos comunes y para vinos finos. Más de 270 kilómetros conforman la Ruta del Vino catamarqueña, que se recorre a través de la Ruta 60.
La Ruta del Adobe, que abarca cincuenta kilómetros entre las localidades de Tinogasta y Fiambalá, y en ella se encuentran monumentos históricos y pequeñas capillas hechas con adobe, mezcla de barro, paja y estiércol.
Finalmente, debido a la actividad volcánica, hay varias fuentes de aguas termales. Entre ellas, Cura Fierro, La Colpa, Villa Vil, nacimiento del río Alumbrera, Ojo Dulce de Choya, La Aguadita y Fiambalá. Otro tema que debe ser jerarquizado apostando a parámetros y estudios  internacionales.
 
Revalorizar el camino abrupto
De manera que esta insistencia en las cuestas y quebradas debe combinarse o complementarse con la amplia carta de presentación con la que cuenta nuestra provincia, en una plan integral que las incluya como parte de la oferta turista.
Para ello, requiere que se revalorice políticamente el camino montañoso, quebrado, abrupto, desigual, accidentado, sinuoso, cuestión que ya quedará en manos de la gobernadora, Lucía Corpacci.
¿Instruirá la primera mandataria para que se revalorice estos caminos históricos, muchos de ellos hechos a pico y pala, conformando circuitos de montaña en una suerte de política que sepa apreciar la altura como recurso turístico estratégico? Al parecer, algo de eso hay…
 
Por Juan Carlos Andrada (De la Redacción del Diario LA UNION)

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