Columnistas | Panorama TurísticoViernes, 26 Abril, 2013 - 07:30

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Recuperar y recrear fiestas andinas

 Por Diego Boé

La cultura o Imperio incaico, evidentemente desde sus comienzos marcó  ribetes muy particulares  que rayan  lo fabuloso y sorprendente.
Es considerada como una de las tres comunidades más perfectas de la historia por varios motivos.
Su preferencia terrenal para armar su vida  fue precisamente la montaña porque el inca entendía que allí podía vivir de la forma que le agradaba.
Esta comunidad nace en el Cuzco, Perú, vale decir que en este lugar está la cuna incaica.
Ellos tenían  sus propios dioses, sus rituales y organizaban sus fiestas. La agrupación de las diversas regiones incaicas se llama Tawantinsuyo.  El mayor referente de autoridad fue Pachacútec.
Una de las mayores fiestas de tradición andina es precisamente el Inti Raymi, Fiesta del Sol, que significa la veneración al Dios Inti  que  es  el Sol.       
Siempre se hizo en el mes de junio, en el solsticio de invierno, en el descanso de la cosecha.   Es una  celebración ritualista y símbolo de una resistencia cultural que el inca le da mucha profundidad.
Era el comienzo  del nuevo año.
Es una deidad o culto al sol.  Se regía por un calendario de 360  días, con 12 meses y el festejo era el sexto mes, el momento, la forma de manifestar el alejamiento de todo lo catastrófico y dar el advenimiento a todo lo productivo. 
La Fiesta del Inti Raymi para el hombre inca tenía mucha significación.  Este festejo trae consigo la modalidad de cantar, bailar, danzar y beber. Saboreaban la chicha que es la bebida por excelencia incaica, teniendo como ingrediente principal el maíz.
Se manifestaba una gastronomía autóctona empleando papa colla, kiwicha  y la carne de llama.
Con los comienzos de los primeros rayos de sol en el día, se celebra el Inti Raymi.
Se reafirmaba el origen, la pertenencia, la descendencia.
En la Argentina también se hace
En Santa María, Catamarca, hace unos años Natalia Burgos, de profesión licenciada en Turismo y el licenciado Fernando Morales, uno de los arqueólogos de mayor rango de la provincia y conocimientos muy altos en la materia, le presentaron el proyecto de realizar la Fiesta del Sol a Gustavo Moya, director de Turismo del municipio de Santa María. Luego se sumó el arquitecto y arqueólogo  Enrique Maturano, que además es el director del museo Arqueológico  Eric Boman  de la Ciudad Calchaquí y Raúl Chaile, titular de una academia de danza  y encargado de la coreografía de la fiesta.
De ellos juntos surge la celebración de la festividad, donde cada año, los 21  de junio, cuando aparecen los primeros rayos de sol, en lo alto de un morro se encuentra ubicada La Ventanita, un sitio  arqueológico santamariano y, a la vez, un reloj solar que marcaba  el Inti
Raymi  en su comienzo, al pasar los rayos del sol.
Para no dañar el  sitio natural,  llamado Fuerte Quemado, el más prominente del lugar y como símbolo de anexión al Imperio incaico y donde arquitectónicamente demuestra la división del espacio social andino, también siendo un lugar de administración y producción, se elige el Anfiteatro Margarita Palacios, a cielo abierto se ponen en escena 200 personas que  simbolizarán  esta festividad, otorgándole un toque distintivo de la ciudad del valle del Yokavil.
El atuendo de cada uno de los actores le da un show de color, música andina y danza, que sobre todo con el leve viaje del viento crea una sensación magnifica. Se suma la belleza de las paredes naturales que la ciudad ubicada al noroeste de la provincia,  como las Sierras del Cajón  y los cerros de 7 colores y un poco más alejado visualmente, el Nevado de Aconquija.
Es muy importante para la ciudad de Santa María, para nuestra provincia y mucho mejor para los turistas que visiten la jurisdicción, ya que presenciarán un evento único y no visto en ningún lugar de Argentina.

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