Columnistas | Panorama MineroMiércoles, 17 Julio, 2013 - 06:45

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Cuanto más exageres, menos te creo

Por Juan Carlos Andrada (*)

¿No le estamos errando al planteo en la actualidad cuando hablamos más de Agua Rica que de Alumbrera? Si el futuro de la minería catamarqueña es esperar que mejore el contexto mundial, el problema es qué hacemos “mientras tanto”. He aquí el quid de la cuestión.
Si bien no perdemos la esperanza de que Agua Rica sea una realidad “algún día”, como van las cosas, es probable que nos veamos compelidos a conversar sobre cómo sigue Alumbrera en el caso de que no haya una continuidad con el yacimiento en ciernes  ubicado en el departamento Andalgalá.
Para los que no saben, hay dos momentos críticos, determinantes, claves, categóricos en minería: el inicio y el final de un proyecto. Así que significa todo un tema tanto la apertura de Agua Rica como el cierre de Bajo La Alumbrera, según lo hasta aquí previsto.
Con Agua Rica no hablamos del cierre de Alumbrera, sino de una continuidad entre ambos, por lo que no haría falta clausurar el viejo yacimiento de cobre y oro. Si Agua Rica no prospera, entonces comenzaremos a transitar el famoso “cierre de mina”, ya marcado en el comienzo del proyecto.         

 

Que nadie se sorprenda
El hecho es que nadie quiere pensar, por supuesto, qué pasará económicamente con la provincia sin Agua Rica. Por otro lado, le esquivamos adrede porque no queremos enfrentarnos con la realidad de que todo tiene un principio y un fin.
Al margen de que el cierre de mina está contemplado desde antes que se moviera una piedra, a más de 15 años de minería con Alumbrera, con el yacimiento maduro y al borde de las reservas mineras, la pregunta ahora es para nosotros: ¿Estamos preparados para la etapa final? 
De manera que para que seamos realistas con la minería catamarqueña, el debate no solamente debe girar en torno a lo que ocurrirá con Agua Rica sino cómo y durante cuánto tiempo será el proceso o planificación de encapsulamiento de Alumbrera. 
Y a propósito de esta cuestión, y ya que está tan de moda la participación comunitaria y las visitas a los yacimientos, ¿cualquier ciudadano podrá tener también intervención en este proceso, por ser uno de los más importantes? Lo que me da pie para hacer otras preguntas.

 

Legislar la participación comunitaria
Está muy bien la contribución social, pero todavía no terminamos de organizarnos de qué manera va a participar la comunidad. No es así nomás y de acuerdo a cómo se le ocurra a cada uno. En otros países este aspecto de la relación de la sociedad con la minería está ordenado. 
Cada gobierno elige la manera en que se puede canalizar esa demanda pero, en todos los casos, se debe reglamentar ese aporte social para que la población se sienta segura y representada cuando va a controlar la cuestión minero-ambiental.
Lo digo en criollo y más catamarqueño. No es: “Yo elijo, quiero que suban al yacimiento fulano, mengano, zutano” o desentenderse con una frase tipo “que vayan los que quieran ir y si no, es porque no les interesa”. Reitero para que quede claro la necesidad: se debe legislar esta participación.
 
 

Por mucha necesidad que tengamos
No cualquier persona puede ir a controlar emprendimientos mineros. Por mucha necesidad de transparencia que tenga el sector, fuimos exagerando acciones al concebir erróneamente que recuperábamos credibilidad con estos movimientos extremos y desproporcionados.
La participación en los proyectos mineros es la representación de la población para que la sociedad tenga seguridad de lo que se hace en emprendimientos cercanos a las comunidades. Sin embargo esa preocupación no puede salvarse a título de una ligera ocurrencia de nadie.
Si no lo reglamentamos, todos los gobiernos en lo sucesivo van a implementar de distinto modo una herramienta que es clave y que hoy se ve desvirtuada por querer demostrar a toda costa que la minería no contamina.  Si no hay nada que esconder, por qué permitir excesos de un lado y otro.

 

Fracaso y resurgimiento
En términos mineros el país está viviendo un momento difícil. Es una crisis vinculada al modelo asociativo que se propone desde el Estado. “Ustedes, los empresarios, exploren, inviertan y cuando saquen el mineral, queremos la mitad de todo”. ¡Flor de negocio les proponemos! La verdad, no entiendo por qué no aceptan.
La premisa de si alguna empresa quiere coparticipar su capital financiero con el Estado nacional, provincial y/o municipal, sin poner nada más que la silla para sentarnos a esperar que ellos hagan todo el trabajo y produzcan para nosotros, fracasó. Por eso se están yendo.
Por tanto, la provincia que proponga e innove cómo captar inversiones, considerando el problema del negocio minero tal como lo describimos, es la que va a tener futuro y hará la diferencia a su favor aún en un marco desfavorable. Estos momentos de crisis son para aprovecharlos y sacar ventajas.

 

Reclamo “anti” en el Poncho 
Entre tanto contabilizamos pobres resultados porque el contexto no permite otra cosa y tenemos lo que tuvimos en la Fiesta del Poncho. Anti-mineros reclamando en uno de los eventos de mayor relevación a nivel cultural en la provincia y el país.  
Si los ambientalistas bajaron los niveles de protestas y eligen fechas importantes para manifestarse, es porque no encuentran otros canales de comunicación. Nos tenemos que sentar a dialogar con esta gente.  Además, si no hay otras manifestaciones es porque saben y reconocen que la minería tropezó con el modelo. No confundir ni confundirse. 

 

Día/fecha/hora
Nos toca ejercitar la paciencia y hacer el camino más largo. El desafío es planificar la minería que queremos, debatir los temas que dejamos pendientes. En eso consiste el momento actual, en ocuparnos en convocar a todos los sectores interesados.
Claro que mejor es hablar de Agua Rica, que por supuesto seguirá estando ahí para ser explotada, el "cuándo" es lo que permanecerá pendiente.  Creo que hemos recibido lo que nos forjamos ¿a quién le queremos echar la culpa?
La primera conclusión es que fracasamos porque no supimos aprovechar fondos extraordinarios provenientes de la actividad a favor de la gente. A partir de este primer reconocimiento hay que empezar el debate y la reconstrucción social.

 

Por Juan Carlos Andrada (De la redacción del Diario LA UNION)